Directorio
Parte 22
Zarza Ardiente
La historia de la zarza ardiente en la Biblia KJV se encuentra en el libro del Éxodo, capítulo 3.
Moisés, que vivía en Madián en ese momento, estaba cuidando el rebaño de su suegro Jetro cerca de Horeb, el monte de Dios. Mientras conducía el rebaño al otro lado del desierto, llegó a un monte llamado Sinaí.
Mientras Moisés estaba allí, notó un espectáculo extraordinario: una zarza que parecía estar ardiendo, pero que las llamas no consumían. Intrigado por este fenómeno, Moisés decidió investigar más a fondo.
Mientras se acercaba a la zarza ardiente, Dios le habló a Moisés desde dentro y gritó su nombre: "¡Moisés, Moisés!" Moisés respondió: "Aquí estoy".
Luego Dios le ordenó a Moisés que se quitara las sandalias porque estaba parado en tierra santa. Se identificó como el Dios de los antepasados de Moisés: Abraham, Isaac y Jacob. Abrumado por la presencia de Dios, Moisés ocultó su rostro, temeroso de mirarlo directamente .
Dios continuó hablando con Moisés, expresándole su preocupación por el sufrimiento del pueblo israelita que estaba esclavizado en Egipto. Informó a Moisés de su plan para rescatar a los israelitas de la esclavitud y llevarlos a la tierra prometida a sus antepasados: una tierra que mana leche y miel.
Dios reveló que había elegido a Moisés para que fuera quien guiara a los israelitas fuera de Egipto. Moisés, sintiéndose inadecuado e inseguro de su capacidad para cumplir tal tarea, preguntó a Dios qué debía decir si los israelitas cuestionaban la autoridad de Aquel que lo había enviado.
Dios le aseguró a Moisés que estaría con él y prometió proporcionarle señales para autentificar su misión. Él reveló su nombre divino como "YO SOY EL QUE SOY" (Yahweh o Jehová), lo que significa su naturaleza eterna y autoexistente.
Dios le ordenó a Moisés que reuniera a los ancianos de Israel y les informara que el Dios de sus antepasados se le había aparecido, revelando su plan para liberarlos de su opresión. Moisés también debía pedirle a Faraón que permitiera a los israelitas ir al desierto para adorar a Dios.
A Moisés le preocupaba que los israelitas no le creyeran ni escucharan su mensaje, por lo que Dios le concedió varias señales milagrosas para validar su llamado. Estas señales incluían convertir su bastón en una serpiente y luego volver a convertirlo en un bastón, convertir su mano en leprosa y luego curarla, y convertir el agua del Nilo en sangre.
A pesar de sus reservas y dudas iniciales, Moisés finalmente aceptó la comisión de Dios y aceptó ser el libertador de los israelitas. Se convirtió en la figura central de la historia del Éxodo, guiando al pueblo fuera de Egipto hacia la Tierra Prometida.
El encuentro con la zarza ardiente sirve como un momento crucial en la vida de Moisés, ya que marca el comienzo de su llamado divino y prepara el escenario para la narrativa del Éxodo, que muestra el poder, la fidelidad y la liberación de los israelitas de la esclavitud de Dios.